Reflexión del Evangelio Dominical 16 de octubre de 2022.

“Dios hará justicia a sus elegidos, que claman a él”.

Lc. 18, 1-8

 

Ante una injusticia se necesita una perseverancia inmensa. Como la de las madres que buscan a sus hijos desaparecidos. Como la de tantas víctimas que insisten por años, que dan vueltas y vueltas por los juzgados esperando que avance su caso. Como la de esta viuda que insistía a la puerta del juez.

Dios no es así. No necesitamos forzarlo o cansarlo para que no se escuche. No necesitamos convencerlo de que mire nuestros dolores y se ponga del lado de la justicia, pero necesita nuestras manos para actuar. Necesita jueces decentes, personas solidarias, manos generosas.

Pidamos hoy por quiénes piden justicia, y hablemos de ellos con nuestro Dios, el que escucha, el justo.