Reflexión del Evangelio Diario 30 de diciembre de 2021.

“Ana hablaba del niño a los que aguardaban la liberación de Jerusalén”.

Lc. 2, 36-40

En la narración del Evangelio de hoy, ahora es Ana, una mujer muy anciana quién reconoce a Jesús como el Mesías. El evangelista Lucas tiene un hermoso gesto al presentar al varón y a la mujer con la misma dignidad en el plan de la salvación de Dios. Ana no se apartaba del templo, ni de noche ni de día, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Al ver a José y María (varón y mujer) entrar al templo para presentar niño, Ana alaba a Dios y glorifica su nombre. El libertador de Jerusalén había llegado, un tiempo nuevo daba inicio. El presente de Dios se hizo carne en Jesús. Ana puede descansar a su cansada edad en la paz del Señor. La misericordia de Dios le permitió ver al Mesías. El evangelista concluye este pasaje afirmando que la familia se regresó a Nazaret y el niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.