Reflexión del Evangelio Diario 15 de septiembre de 2021.

“¿Y cuál hombre no llora si a la Madre contemplara de Cristo en tanto dolor?”.

El pasaje del Evangelio de Juan siempre me ha parecido un pasaje desgarrador. María, la madre de Jesús, está junto a la cruz. Está aferrada al madero en dónde está crucificado su hijo. Ella llora, una espada le atraviesa el alma, el hijo que vio nacer, el fruto de su vientre muere de una manera espantosa. Escucha que Jesús se la encarga al discípulo que tanto quería. Pero ella no quiere. Ella quiere estar con su hijo amado. Las mujeres que la acompañaban, María de Cleofás y María Magdalena, la sostienen pues está a punto de desfallecer. La historia de amor que comenzó con el anuncio del ángel no se entiende desde la cruz, se comprenderá después con la resurrección. Si alguien conoce el dolor humano más profundo y desgarrador es María. Yo acudo a María cuando mi corazón está destrozado.