Reflexión del Evangelio Diario de 20 de julio del 2021.

“Señalando a sus discípulos, dijo: Éstos son mi madre y mis hermanos”.

Mt. 12, 46-50

La familia de Jesús estaba preocupada por él. Lo que se decía, tanto positivo como negativo, llegó a sus oídos. Jesús hablaba de Dios no como lo hacían los líderes religiosos de Israel. ¡A Dios lo llamaba Padre! Realizaba obras que, probablemente, no lo habían visto hacer directamente. Ellos no eran seguidores ni apóstoles, no los vemos caminar el inicio de su ministerio. No creían en él. Sabemos que María su madre, sí. Ella llevaba esa certeza profundamente guardada en su corazón desde su concepción. Los parientes eran otra cosa. La respuesta que da Jesús ante la solicitud de querer verlo indica ya el nuevo tipo de familia que nacerá con la llegada del Reino. “Todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. No había marcha atrás.