Reflexión del Evangelio Diario de 03 de junio del 2021.

“Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre”.

 

 

Mc. 14, 12-16, 22-26

 

Jesús tomó un pan, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos. Tomó una copa de vino, pronunció la acción de gracias, y se las dio para que me bebieran. En este hermoso gesto, el del alimento, sus discípulos recibieron su cuerpo y su sangre. Un ser humano se alimenta con el alimento natural. El alma se alimenta del cuerpo y la sangre de Jesús. No es un alimento temporal, es un alimento que da vida eterna. Quien come de él no tendrá hambre, y quién bebe de él, jamás volverá a tener sed. La cena no fue sólo un banquete entre amigos. Fue la herencia preciosa que Jesús dejaba a sus amigos para que cada vez que se reunirán en su nombre, recordarán su amor en el signo del pan y del vino. Ahora, cada vez que nosotros participamos de la comunión, hacemos presente el misterio del amor de Jesús en nuestra vida y en la comunidad.