Reflexión del Evangelio Diario 21 de febrero del 2021.

“Fue tentado por Satanás y los ángeles le servían”.

Mc. 1, 12-15

La conversión cristiana no es un estado mental, implica necesariamente un cambio de actitudes. Hay una tendencia mayoritaria a poner la conversión como un listado de hechos malos o negativos; ofenderse, golpearse el pecho y recordar una y otra vez los actos malos. Así, la conversión, por lo general, no incluye la reparación del daño ocasionado, el pago de la deuda, sanar la herida. La conversión cristiana no es imaginaria, así como el perdón tampoco. La conversión no se limita a la aceptación del mal. Por el contrario, está en razón a no aceptar el mal en la vida, pero a fuerza de obrar bien. A mantenerse firme ante cualquier tentación. Tomar las decisiones que me hacen bien es una responsabilidad. Jesús estuvo expuesto a diversas tentaciones, pero no sucumbió a ninguna de ellas. ¿Dónde encontró su fortaleza? No sólo en las fuerzas naturales, sino en la confianza de Dios, en su fe. La buena noticia es que no estamos solos, Dios está con nosotros. El Espíritu del Señor nos sostiene para no sucumbir ante las tentaciones.