Mensaje de Apertura Centésima Octava Asamblea Plenaria

MENSAJE DE APERTURA CENTÉSIMA OCTAVA ASAMBLEA PLENARIA

MONS. ROGELIO CABRERA LÓPEZ, ARZOBISPO DE MONTERREY PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO 11 DE NOVIEMBRE DE 2019

 

Introducción

¡Qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!... Allí el Señor da su bendición, la vida para siempre.

Con esa alegría que expresa el Salmo 133, nos reunimos agradecidos, como Conferencia Episcopal, al comenzar nuestra Centésima Octava Asamblea Plenaria.

Al saludarnos, al platicar y al encontrarnos, vamos superando “la tentación de la distancia”, tal como nos ha invitado el Papa Francisco en su encuentro con nosotros en 2016. También nos recordó que “la necesidad de familiaridad habita en el corazón de Dios” y creo que eso, solo se logra siendo una “casita sagrada” como hermanos en el episcopado, para rezar y discernir juntos compartiendo la vida con espíritu de familiaridad, reconociendo que la comunión es la forma vital de la Iglesia y nuestra unidad como pastores será siempre prueba de ello.

La misión que tenemos es amplia y llevarla adelante requiere múltiples caminos y expresiones de colegialidad, de unidad y de comunión al interior de la Conferencia. Por eso, esta Asamblea es un espacio privilegiado para “señalar prioridades y líneas pastorales de nivel nacional y animar su ejecución” tal como lo leemos en nuestros Estatutos1 y que hemos plasmado en nuestro Proyecto Global de Pastoral 2031+2033, el cual, a poco más de un año de su lanzamiento, ha ido encontrando espacios de diálogo y de discernimiento comunitario según el ritmo de cada Iglesia particular e instancia eclesial.

La difusión y apropiación del PGP ha ido dándose poco a poco y de manera sencilla, porque así crece el Reino de los Cielos, sin grandes acciones y desde lo pequeño. Tal como leemos en el evangelio de san Mateo que lo describe como “semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas” (Mt 13, 31- 32).

Volver al Evangelio, nos permite recordar quiénes somos y cuál es nuestra misión como Iglesia. Hoy reconocemos que la Iglesia es esa realidad pequeña, pero llamada a ser grande; débil y frágil, pero a la vez fuerte y sólida. Es esa realidad poliédrica, que no se entiende desde un solo ángulo, pues se vive y se expresa con rasgos humanos, pero con una dimensión trascendente.

1.     Un ministerio episcopal redentor desde una pastoral de la intervención

El horizonte que nos hemos planteado hacia el 2031+2033, junto al cambio de época con la llamada crisis antropológica-cultural, nos pide replantear nuestros esquemas de evangelización para el ser humano concreto a quien estamos llamados a servir (cfr. PGP 102). El ser humano de hoy ha transformado profundamente su manera de pensar, percibir y vivir la relación con Dios, con los demás, con la naturaleza y consigo mismo (cfr. PGP 25). Estamos, pues, llamados a realizar un ministerio episcopal redentor que genere esperanza en medio de esta realidad global, mexicana y eclesial que presentamos en nuestro Proyecto.

Ante la actual situación del país, por ejemplo, y ante las dificultades de tipo económico, político y social que está planteando, no podemos centrarnos solo en lo que no nos gusta: es necesario reconocer aquello que se hace bien así como tener actitud crítica ante aquello que no consideramos adecuado y proponer caminos o soluciones apropiadas. No caigamos en la tentación de reaccionar a todo: no podemos solo estar diciendo lo que no nos gusta sin ofrecer verdaderos caminos de solución, aprovechando todo lo que se hace bien.

A quienes exigen de nosotros una posición más combativa, debemos recordarles que no nos corresponde la confrontación permanente e innecesaria para dar muestras de poder y valentía, sino que, como hemos dicho en el PGP No. 170: “La Iglesia Católica que peregrina en esta tierra mexicana y a la que servimos, está llamada a aportar, de manera humilde, respetuosa, dialogante, incluyente, a la vez que valiente y profética, lo que le es propio desde su fe, a la construcción de este ‘santuario de vida’ que es nuestra sociedad, para que nadie se quede fuera y pueda tener las condiciones necesarias para vivir con dignidad sin ninguna clase de exclusión”.

Los invito a que realicemos una pastoral proactiva, no solo de reacciones ante las dificultades o retos que nos plantea la vida cotidiana o lo que sucede en la sociedad o manifiestan los diversos poderes de nuestra nación. Realicemos una pastoral en la que propongamos nuestro propio camino pastoral, ya trazado en el PGP con las opciones y compromisos pastorales. Podemos y debemos combinar el debido respeto a las instituciones y nuestro interactuar y colaborar con ellas, con la firmeza de nuestras posiciones. Ante la necesidad de liderazgos sociales enraizados en el evangelio, es necesario que, desde nuestro carisma y misión, y sin invadir ámbitos de acción que no nos son propios, defendamos a nuestros fieles cuando alguna política pública les pueda perjudicar.

Lo anterior no significa que debamos permanecer indiferentes ante el sufrimiento de nuestro pueblo. Alcemos la voz en aquellos temas que nos tocan directamente: educación, paz, vida, migración, pobreza, escasez de medicinas, etc. Tenemos que hablar con quienes toman decisiones para llevar, no solo las necesidades inmediatas de los más pobres, sino la visión que tenemos de la realidad para que se combata eficaz y sistemáticamente la pobreza en la que se encuentran viviendo. No podemos perder a los pobres, debemos estar más cercanos y comprometidos con el pueblo pobre de México.

Es por ello que propongo una “pastoral de la intervención” con la participación más activa de las Comisiones Episcopales y sus respectivas Dimensiones. No podemos esperar que el Consejo de Presidencia, desde la Secretaría General, intervenga siempre en nombre de todos los obispos cuando surge un problema de interés nacional cuando tenemos la posibilidad y capacidad de atenderlo desde la respectiva Comisión o Dimensión. Las Comisiones y Dimensiones no deben ser solo un espacio en el organigrama de la estructura de la CEM, sino una oportunidad para que algunos obispos, especialistas en los temas que les competen y debidamente asesorados, iluminen la realidad de nuestro país y nuestra Iglesia. Así, quienes las encabezan, siempre en diálogo con sus equipos, responderán de manera más expedita y especializada a las interpelaciones que nuestra realidad plantea constantemente. Necesitamos compartir responsabilidades de manera colegiada, confiemos mutuamente los unos en los otros.

2. Miramos con ojos y corazón de pastores, la realidad de nuestra Iglesia en México

La pastoral tiene una doble mirada: de cerca y de lejos, particular y global, donde lo concreto no quita la atención de lo más amplio. El reto pastoral será siempre superar la tentación de querer abarcarlo todo o de quedarse solo con lo cercano, sin atender la coyuntura del momento o la emergencia.

El PGP nos ayuda a concentrar la mirada en las problemáticas globales, mexicanas y eclesiales y en esta Asamblea nos hemos propuesto ofrecer respuestas concretas, mirando con ojos y corazón de pastores, la realidad de nuestra Iglesia en México.

Detendremos nuestra atención en tres desafíos que hemos revisado tanto en el Consejo de Presidencia como en el Permanente y que consideramos prioritarios, dando así un paso en la profundización del PGP, buscando ser como Iglesia, fermento que fortalezca los valores de nuestro país.

Al primer desafío le hemos llamado kerigmático-místico. Nos llevará a mirar y revisar nuestro compromiso evangelizador, analizando la situación actual de nuestra evangelización y catequesis en parroquias, provincias, diócesis y otras instancias eclesiales.

Al segundo desafío le llamamos comunitario-sinodal. Miraremos y revisaremos la situación actual de la comunión y sinodalidad de nuestras parroquias, consejos, asambleas, así como la participación de los fieles laicos, en especial de las mujeres y los jóvenes. 

Un tercer desafío que nos interpela es el que llamamos etico-moral, que hemos divido en dos momentos. En primera instancia, mirar y revisar la situación actual que provoca el cambio de época y la crisis antropológico-cultural en nosotros y que contrarresta el anuncio y la construcción de la dignidad humana por lo que hemos optado. Y, en segunda instancia, mirar y revisar este desafío desde la perspectiva social por el compromiso que tenemos de reconstruir el tejido social sanando todas las relaciones básicas de la persona, siendo este el enfoque fundamental que guía el PGP.

Queremos que esta sea una Asamblea con oportunidad para el diálogo y el discernimiento comunitario, de tal manera que los acuerdos que asumamos los llevemos a cabo con la “inteligencia cristiana del ministerio pastoral” (cfr. PGP 16) como una forma de hacer eficaz la estructura eclesial en nuestras provincias y diócesis, aunque respetando los procesos pastorales particulares.

En este contexto, las comisiones episcopales presentarán sus programaciones pastorales. Los invito atentos a las coyunturas del momento y saber adaptar nuestros planes a ellas, viviendo una espiritualidad y una nueva mentalidad para poder “planear caminando”. Esto implica tener el equilibrio de saber planear y al mismo tiempo de estar abiertos a ir reprogramando o afinando el programa con creatividad pastoral respondiendo, según venimos haciendo, a nuestras emergencias pastorales. En esta Asamblea conoceremos también el estado actual de ellas y cómo podemos seguir respondiendo.

3.     Sinodalidad misionera: nunca solos, siempre juntos.

Nuestra respuesta hemos de manifestarla con una triple comunión: con el Papa Francisco, el interno de la CEM, animada por el PGP, y con el CELAM.

Estamos en un momento en donde nuestra adhesión al Papa Francisco tiene que ser más evidente. No sólo por la debida obediencia al sucesor de Pedro, sino por sus propuestas teológicas y pastorales que, incidiendo mucho en la opinión pública, buscan renovar a la Iglesia. Sería lamentable que nuestros silencios ante los reiterados ataques que recibe el Santo Padre manifestaran no prudencia, sino aprobación.

El Papa Francisco ha insistido en que seamos pastores con olor a oveja: que llevemos una vida sobria y austera; que seamos compasivos y misericordiosos; que no ansiemos el poder económico y político; que escuchemos mucho, que hablemos poco y digamos lo justo, mirando siempre a los ojos. Ojalá y no nos moleste esa invitación, sino que nos motive. Nunca un obispo debe estar al margen del Papa, ni del pueblo.

Tengamos afecto colegial, confianza y seguridad de que el destino de la Iglesia va guiado por el Espíritu a través del Papa y del Colegio Episcopal. Es importante estar unidos como Conferencia y saber apoyarnos en todo lo que la vida, tanto pastoral como personal, nos presenta.

No podemos, pues, olvidar que el PGP ha sido fruto de un largo proceso de elaboración, con una amplia participación y tiene importantes aportaciones para los tres desafíos que nos ocupan en esta Asamblea. Necesitamos impulsarlo personalmente en nuestras diócesis. Si no hablamos de él o lo citamos, ¿quién más lo hará? Como Pedro, seamos los primeros en decir “voy a pescar”, para que nuestras comunidades digan “vamos contigo” (cfr. Jn 21, 1-3). El PGP no puede permanecer en nuestros escritorios o en nuestros dispositivos electrónicos como un documento más. Evitemos caer en el vicio clericalista tan extendido, que se expresa con esta frase: “proyecto pastoral que a mí no se me ocurrió o que no elaboré, no lo respaldo y, si puedo, lo bloqueo”.

Vivamos la aventura de soñar con el PGP en una mejor Iglesia y un mejor país, como hemos dicho: “Dios tiene grandes sueños para sus hijos. El sueño de Dios está tejido de los mejores sueños de todos los hombres y mujeres: la paz, la justicia, la unidad, la fraternidad, la dignidad de sus hijos, etc. Estos son también los sueños de nosotros los Obispos y de toda la Iglesia de México ¡No dejemos de soñar y trabajar para que estos sueños se hagan realidad!” (PGP 189).

Nuestra comunión también hemos de expresarla con toda Latinoamérica. Como todos sabemos, el CELAM atraviesa por un proceso de renovación y reestructuración, que recientemente ha estado marcado por el Sínodo de la Amazonía. Durante la Asamblea, tendremos un espacio para hacer nuestro aporte en este proceso de renovación que nos compromete a todos proponiendo nuestras inquietudes con respecto al presente y futuro del CELAM.

Debemos estar atentos a conocer y profundizar el texto que el Papa dedicará a las propuestas que se le acaban de plantear en el documento conclusivo del Sínodo. Por lo pronto, podemos tener presente en nuestra Asamblea los cinco nuevos caminos que se resaltan: caminos de conversión integral, pastoral, cultural, ecológica y sinodal. Estos nos pueden servir para fortalecer nuestros procesos pastorales diocesanos y en la profundización e implementación que vayamos haciendo del PGP.

4.     Itinerario espiritual.

¿Cómo interpretamos este cambio de época? Lo haremos con el paso del Señor que nos invita siempre a discernir para realizar lo que le pide a su Iglesia en este momento histórico (cfr. PGP 24).

Hemos tenido la oportunidad en la Semana de Formación Permanente de este año, de reflexionar sobre la espiritualidad del PGP, reconociendo la necesidad de unir nuestra experiencia de Dios con el ministerio pastoral. Toda espiritualidad está llamada a expresarse en el servicio y, a su vez, toda acción pastoral nutre la experiencia de Dios.

El PGP contiene una profunda y rica espiritualidad que sustenta todo su contenido, no solo al desarrollar en su Segunda Parte los Acontecimientos Redentor y Guadalupano sino además por los rasgos que se derivan del Concilio Vaticano II, “promoviendo una Iglesia en comunión, es decir, aquella que desarrolla la espiritualidad de la escucha en la cual, cada uno... tiene algo que aprender. ´Uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad (Cfr. Jn. 14,17), para conocer lo que Él dice a las Iglesias’ (cfr. Ap. 2,7)” (PGP 19). Y de aquellos que inspiran la conversión pastoral, fundamentada en una sólida espiritualidad cristológica, eclesial y guadalupana (cfr. PGP 146).

Profundicemos en un itinerario espiritual episcopal, que refleje en actitudes concretas y signos proféticos y caritativos, nuestro camino de conversión pastoral para que, paralelamente, oriente la reflexión y la vivencia interior de la Redención y del Acontecimiento Guadalupano.

5.     Asamblea Nacional de la Iglesia Católica en México

En este camino de sinodalidad y de acuerdo pastoral, es vital que nos atrevamos a reunirnos en una Asamblea Nacional en la que estén fieles laicos, consagrados, diáconos, seminaristas, sacerdotes, obispos e invitados de diferentes instancias civiles, en un clima de reflexión y convivencia, podamos conocernos, valorarnos y proponer un camino de vivencia del Evangelio que haga más patente la vivencia del Reino de Dios en nuestra nación al incidir en todas las realidades humanas y sociales, además de las espirituales, que nos competen.

Es un segundo paso, una vez que hemos lanzado el PGP, ahora hay que abrir el círculo episcopal tocando otros círculos hasta tocar a aquellos que en la sociedad no se sienten católicos o no lo son, pues a los primeros podemos reincorporarlos a la dinámica de nuestra fe y aprender mucho de los segundos para colaborar con ellos en la búsqueda de un México mejor. 

Quiero proponer para su análisis durante estos días, la posibilidad de realizar la Asamblea Nacional de la Iglesia Católica en México, discerniendo el momento adecuado para ella, con encuentros sinodales en las Provincias, Diócesis e instancias eclesiales que preparen el camino de esta gran experiencia eclesial.

Conclusión

Que esta Centésima Octava Asamblea Plenaria nos sirva, queridos hermanos obispos, para proyectar un Dios de vivos y no de muertos, una Iglesia de luces y no de sombras.

Teniendo presente que dentro de un mes celebraremos a Nuestra Señora de Guadalupe, no podemos olvidar que hemos afirmado creer “que la Iglesia en México necesita sentarse a los pies de la Virgen Madre para alentar la esperanza de ser un solo pueblo. La restauración de nuestra responsabilidad necesita de su corazón materno. Ella puede ayudarnos a sentirnos pueblo e identificarnos con el pueblo. Ella nos invita a contemplar, creer, vivir y anunciar el misterio de la Redención realizado por Jesús” (PGP 12).

Que su manto protector nos cubra en las adversidades, nos ilumine para disipar tinieblas y nos fortalezca para seguir sirviendo a nuestro pueblo desde el ministerio episcopal que Dios Nuestro Señor y el propio pueblo de Dios nos ha encomendado.

 

Fuente: CEM